24 de febrero de 2012

Me dices, amor

Y yo, amor, que ya no leo

las líneas de tus manos en mi nuca.

Que no deshojo, amor, por desgana

tu vientre, la corola insobornable

de tus caderas.

Que esquivo, amor, tus empeños,

al volver a casa,

cada día tus pliegues.

—Hoy para la cena, peces muertos—

me dices. Y yo no digo nada, amor.

—Hace poco, o mucho, no sé,

estaban vivos, muy vivos…— me dices.

—…los peces. Cómo yo. Cómo tú—

eso me dices, amor. Eso me dices.