27 de septiembre de 2012

La Bestia

La mujer está despierta, como toda las noches está despierta. La Bestia duerme a su lado. La mujer se levanta de la cama sin hacer ruido para no molestar. Se pone unas zapatillas de paño, y así, en camisón, sin lavarse ni peinarse, sale a la calle.

Llueve. Como todas las noches llueve con rabia, con violencia. La mujer camina por la acera, decidida, imprudente. El agua le golpea la carne, le empapa los huesos, la inunda... Camina sin esquivar los charcos. Camina durante horas. Cruza un laberinto de calles, un centenar de avenidas, descampados, cementerios… Sale de la ciudad y la noche se hace más densa. Sale de la ciudad y se interna en el bosque. Llueve con saña. La mujer camina hasta que cae rendida, agotada, sobre el barro. Pero La Bestia la encuentra, como todas las noches le muerde los ojos, le separa las piernas, la aplasta, la desgarra…

Satisfecha, La Bestia se seca el sudor con las sábanas y vuelve a dormir a su lado. La mujer está despierta, como toda las noches está despierta. Se levanta de la cama sin hacer ruido para no molestar. Se pone unas zapatillas de paño, y así, en camisón, sin lavarse ni peinarse, sale a la calle.

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